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Gustavo Bracamonte

GUSTAVO ADOLFO BRACAMONTE CERÓN

Doctor en Comunicación social, graduado en la Universidad de San
Carlos de Guatemala, Maestría en Comunicación para el Desarrollo,
licenciado en Ciencias de la Comunicación, Periodista Profesional
y Profesor de Enseñanza Media en Filosofía. Ha desempeñado diversos cargos importantes, entre ellos director de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos de Guatemala.


PUBLICACIONES: - Tratado del deseo. - Amalia. - Pájaro del atardecer. - Ese afán por la vida. - Cuarto oscuro. -El reverso de lo sublime. - Mujer de piel blanca. - La rabia de los días. - El recurso de la mirada. - Concupiscente. - Y otras decenas de libros más.




EN LA PLAZA DE UN SÁBADO DE ABRIL

Cuando levantes la pancarta contra el sarcasmo de la vicemandataria
tendrás el día más espléndido de octubre en cada lucero de tus ojos;
cuando alces el puño de un nuevo país de cielo limpio
cambiarán las arenas movedizas por una primavera imprescindible y ahí,
bajo el pabellón ondeando avergonzado todavía,
con cautela se expulsen a las sierpes de sus escaparates del poder,
te untaré de luz el clavel rojo del país nuestro;
cuando en la plaza no quede más que los manifiestos de los indignados,
y tú estés con coraje blindando a la tarde con un beso
que reviente los cimientos de los corredores de la casa presidencial,
te amaré un poco más que ayer, así, lentamente
con los dedos de esta historia llenaré el infinito con tu rostro bello.
Cuando no admitas en tu corazón el terror de la propaganda gubernamental
ni los cheques presidenciales producto del hurto y la satrapía,
me sentiré seguro al arrastrar los patéticos cuerpos corrompidos
a la cárcel más oscura que la sobredosis de la venganza.
Cuando se reúnan nuestras palabras en el ápice de la luz y,
el viento arranque las raíces de la mala gente
saqueadora de todos los compartimentos de la fe en la ciudadanía,
cuando no quede más que una pizca de voluntad
por cambiar la inconsciencia y tú, sea quien dé todo y
yo a tu lado, entonces muchacha de lucha, te amaré toda la vida,
porque la vida estará en lo espléndido del país que retorna al optimismo.

                                                                      - del libro Poemas en la plaza -





HECHOS CON MIRADAS

si dejamos de mirarnos para qué el corazón
si olvidamos los ojos sobre las flores
para qué los retratos del mar en la pared
mudos inservibles
estamos hechos con pedacitos de miradas
si el sueño se opone a los pasadizos del mirador
para qué la esplendidez de tu cuerpo
si te deseo desde el barandal de mi mirada
desde la alcoba limpia de un ojo
desde el baño de vapor del otro
con la sentencia de tu pectoral en los dos


                                                            - Del libro Pájaro del atardecer -




LLUEVE, AMALIA

Llueve, Amalia, te mojas adrede
y sin que te lo pidan mis ojos
descubres la figura inventada
por el agua y en consenso con
las gotas me abrazas para
humedecerme una locura.
Siento dos tórtolas frías tiritando
ajustadas a mi mejilla y bendigo
la lluvia que hace crecer el tallo
de los sueños. Y te ríes con la cara
llena de brisa líquida y me contagias
de cielo y muerdo con gusto las
ciruelas mojadas de tu cuerpo y
me mancho con la sangre de tus óvulos
y me detengo en la última gota
que sentimos como beso vital.

                                                      - Del libro Amalia -



LUGAR DE ESPERA

Mi casa está llena de muebles.
Al corredor llega la tarde a tirar el tiempo.
Debajo del dintel se sienta el amor a esperar tu regreso,
en el patio una tolvanera enreda el silencio,
las sillas de pino se mueren en el mismo lugar.
Los órganos de mi cuerpo envejecen de rumores,
llevo y traigo rumiados llantos, gritos arrojados al abismo
ignorando mi existencia.

Sin embargo espero.
Ocuparé el tiempo en despoblar remembranzas y luego,
las habitaré de olvido para que mueran abruptamente.

Debo desentumecer alegrías
para salir a tu encuentro inesperado.
Ladridos de corazón enfermo se escuchan en la lejanía,
soy yo mismo, camino donde se fugan esperanzas,
perforo noches a donde bajo a encontrarme con mis ansias,
fabrico norias con todos los dolores para girar la muerte.
Levanto insomnios para que vigilen tus pasos
e incluso,
me escondo en estertores para esperarte,
y tú,
ya no existes en las ciudades.


                                    - Del poemario “al final del amor”. -

 



UNIPOLAR


Cuando muera,
no llores.

Todos se darán cuenta
que te amé profundamente.

Me llevo todo.
El tiempo,
el espacio y
la ternura
en semillas silentes.
Me acompañarán
el día y la noche,
el polvo y la lluvia,
las ciudades y el campo,
todos asidos a mi muerte.
Me llevo todo.
En tu mirada
no quedarán huellas
ni los estigmas de los besos,
el viento borrará
la humedad de la vida.

Me llevo todo.
El tiempo masticará
los huesos de mis palabras
y sentiré nostalgia
por no pronunciar tu nombre.
Me llevo todo
para que otro edifique una ciudad
en tu territorio
y yo seré, para ese entonces,
la raíz del pasado.


                     - Del poemario -colectivo- “Raíces del viento”. -
 


 ANSIAS POR LA VIDA

Sentada sobre un sueño
con patas de ciudad penalizada
la señora desestima los escrúpulos para reír
carcajada de mundo avieso
fragor lento y alegre.

La señora sólo tiene dos dientes
con que se propone comer
la mitad de la vida restante y
también deseos demás
por haber descubierto a destiempo
el placer del optimismo
se ríe sin sombras
en el mañana inasible
como si fuera bella
la adversidad fiera
en los costados de su edad
en la condición de senectud.

Pero con ese bidente está satisfecha
de alcanzar con holgura esa pájara
de anhelos libérrimos y
luz perenne casi perpetua
en la longitud de los días.

No se ve horrible
el ansia por vivir cuando se ríe
sosteniendo el pasado sin remediar
para trepar los días
con el cayado de palabras rábicas
ni la carne de su vejez tiembla
frente al vacío de la soledad.


- Del poemario “La rabia de los días”. -

SABOR A PIEL

Esta mañana me levanté
con la sensación de tus hombros
de tu estrella nupcial,
de tu cuello ardiendo en mi boca
de mi boca consumiéndose lentamente.

Esta mañana me levanté
con los dedos insuflados de uvas,
con una cicatriz húmeda y
dragada por imágenes risueñas,
con el paladar sabiendo a ciudad luna,
las rodillas con los estigmas de adoración
a la diosa de tus senos,
siempre con el alo mordido
y una sonrisa de Estado a Estado.

Esta mañana me levanté
con una mariposa roja en la planta de los pies,
el olor a piel saliendo de una caricia,
la espalda sabiendo a mar
y a pulcritud de gaviotas,
con golpes de sangre en la mitad de una palabra
pronunciada desde el fondo de todos los mundos.
Amanecí rotundo, persuadido que
estuve hablando con tu cuerpo en
una jornada eminentemente amorosa.
¿Será que te soñé Amalia?


- Del poemario “Amalia”. -





EL INVIERNO, SEÑORA


El invierno tiene cara de monasterio antiguo,
múltiples celdas de risa continua y sedante
por supuesto, rezos permanentes a la vida
con quietud rara de abejas zumbando y
millones de voces en madrileñas suaves
que se esparcen líquidamente
en las ciudades delgadas con monte encima.
Es en la estación acuosa
cuando crece la hierba
de las ansias corporales,
la boca de las mujeres se llena de tulipanes
con erotismo húmedo.
Bajo la lluvia la creación acariciante
se localiza en las caderas frescas,
las pájaras empiezan su reproducción
motivadas por el febril movimiento del agua
llevándose el aire y el olor a las montañas
para el nido de los planetas,
ahí, vuelve a soñar un nuevo augurio social y
se mueven las ciudades en mojada esperanza
como brotes de lujuria benéfica.
El invierno, señora, es su proceso de fecundación,
la estación húmeda del cuerpo y
el movimiento impecable de su vida hacia la vida.


                  - Del poemario “Poemas de invierno”. -



EN LA SÉPTIMA AVENIDA TAMBIÉN LLUEVE


Cuando era niño me sentaba bajo el dintel a contemplar la lluvia, a tocar las várices de la lluvia, a respirar la melancolía suave de la lluvia, a frotarme los girones del alma con el vapor de las piedras de la séptima avenida.

Una muchacha morena venía de Sasmó abajo, descalza, ceñida la blusa a sus senos llenos de curiosidad y pasaba frente a mí, sonreía, seguía la avenida hacia el parque. Ella se metió con la lluvia en mí, yo muero paulatinamente, pero ella sigue caminando con sus senos mojados en la avenida de mi memoria, viva, tenaz, joven, eterna, fresca. Ella era la lluvia que esperaba siempre sentado bajo el dintel de la puerta celeste de la casa, arriba se leía 1-10 zona 1. Ahí espero todavía.

                       - Del poemario “Poemas de invierno”. -



DÍA CLEMENTE

Todavía habitan la tierra

pájaros,

pajaragua,

pajaraluna,

gorjean al amanecer,

y nadie los escucha;

la ciudad ha construido

sus propios cantos

sus propios muros

 

negros de ruidos y propaganda…


Todavía habitan la tierra

flores,

floricanto,

floriluz,

y nadie las mira;

el antípoda pasó

con sus pasos de ciudades de piedra y,

las esconde

 

en sus cenáculos oscuros y fríos.


Todavía habitan la tierra,

árboles,

arborío,

arbojuventud,

pero, los pies del mundo

tienen llagas de desiertos

 

y la vida, más pequeña, más corta…


Todavía habitan la tierra

pajaroluna,

floriluz

 

arbojuventud.

Del poemario -colectivo- “Raíces del viento”.



LA CASA VIEJA


Con ruidos están hechas las casa,
de movimiento, de oxígeno, de vida, de lutos.
Las moscas murmullando
locas de ansiedad sobre las mesas,
tintineo de trastos
con señales extraordidarias,
paredes que hablan con el agua o
con las piedras cpmas del tiempo.
Gritos de pequeños cuchillos
cortando en pedazos la jornada doméstica,
voces de señoras ordenado el infinito y
colocando en su lugar las palabras
como en una biblioteca culinaria o
sacudiendo el polvo de una tristeza
que llega con la rutina o con
cierta vejez que se desprende
en menoscabo de la permanencia
de la lluvia.
Estruendosa existencia
rodeada de muebles testigos
todavía respirando humedad del amor.


Del poemario “Poemas de invierno”.



SE VAN LOS AMIGOS

A Víctor Leonel Velásquez y
Miguel Ángel Beb

Y nos vamos yendo en cada palabra
que se cae de las manos de la vida
con los pájaros modelados
por la soledad terrosa
aletean sin cantar los amaneceres
en el campo de hierba muerta y
nos encontramos individuales
absolutamente el yo atrincherado en la nada,
con prominentes de huesos
en cualquier parte
del temporal amarillo de la historia.
Lo cierto,
a los amigos y compañeros
les llegó la noticia de acercarse
a divisar los fosos de una alba quemada
en sus anaqueles y pinceles.
Vemos a nuestro alrededor y
la luz es escasa,
nos llenamos de oscuridad abismal,
de íngrima soledad, sin hora exacta,
sin saludos a la vista de la intimidad,
trisada en su hondura más humana.
Lloramos ensimismados la última tarde
bajo los almendros de la vida,
mientras el pintor y el filósofo
dejan escanciada su amistad
para beberla cuando el viento negro
borre la escasa alegría
pegada a la lengua con resaca de ausencias.


Del poemario “Poemas de invierno”.



SOLEDAD


Espero morir en este muelle
sólo de brumas de antiquísima opacidad.
Despreocupado de nostalgia, de historias
he traído arrastrada a la noche
como hipotética compañía y
pegado a los dientes el día sarroso,
a pesar que limita con insistencia
masticar alguna dicha tibia y carnosa
que baja de la memoria
a deleitar el sacrificio del cansancio rutinario,
revés de una alegría de manga larga.
Nadie se acerca a oler mi destino,
ni vos que un día dijiste me amabas.


Del poemario “Poemas de invierno”.


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