ESCRITORES CHIQUIMULTECOS
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Rosa Flores Monroy -narradora

ROSA FLORES MONROY



                  Foto tomada del libro Chiquimula en la Historia
 

- Falleció a principios del mes de julio de 1952. Pocos días después se publicó su obra Chiquimula en la historia la que apareció el 14 de ese mismo mes editada por imprenta La Cultura.

En 1942 ganó el primer lugar en un concurso sobre historia promovido por la municipalidad de la Ciudad Prócer. Luego, en 1947, nuevamente la comuna convocó a otro certamen literario cuyas bases señalaban que debían ser trabajos sobre la historia de Chiquimula; Rosa Flores Monroy presentó el texto inédito titulado Chiquimula en la historia y se alzó con el primer lugar, libro que posteriormente amplió y publicó en 1952. 

“Para tomar parte en este certamen, escribí una obrita, y como la segunda de sus bases, que refiriéndose a dos ciencias dice: ´Que reúnan condiciones didácticas, adaptándolas a la enseñanza primaria, procurando que la historia tenga la amenidad de un libro de lectura´. Tomando en cuenta lo anterior me esforcé para que dicho trabajo tuviera, en cuanto fuera posible, las condiciones deseadas, presentando las lecciones, unas en forma dramatizada, otras como carta, para iniciar a los alumnos en la correspondencia interescolar, y algunas como narración o relato”, escribe la autora en el prefacio de la primera edición fechado 'Chiquimula, julio de 1952´.

Profesora de toda la vida. “En el hogar y en la cátedra, en los sitiales honoríficos y en dondequiera, la cultura y el altruismo requirieron su presencia; ella fue ejemplo de dignidad, suma de laboriosidad y sacrificio y viva expresión de voluntad y cooperación exquisitas”, afirma Héctor Manuel Vásquez en el prólogo a la segunda edición de 1973.

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LA ANTIGUA CIUDAD DE CHIQUIMULA
 
1
 
            “Si dirigiésemos nuestros pasos hacia el oriente de esta ciudad de Chiquimula, por cualquiera de sus calles podríamos llegar hasta la Iglesia Vieja. Allí está la que fue plazuela del templo con un cimiento derruido donde antaño hubo una cruz.
            Y ante la mirada, la extensión del campo abre el espectáculo maravilloso de la naturaleza y entre la verde hierba bajo el azul del cielo, como si fuera un cuadro mural, el templo alza sus gallardos muros marcados por trágicas huellas, cuyos recios lineamientos se recortan en lo alto, coronados por penachos de hierba. Ya los vientos y las lluvias han carcomido los altares en relieve de su frontón, pero sus ruinas han resistido la fuerza de las intemperies durante centurias para inmortalizar el recuerdo de aquella ciudad de efemérides perdidas en los siglos.
            Nos preguntamos al contemplarlo ¿qué pueblo, ahora muerto y envuelto en las sombras del misterio, vivió aquí su cultura? Y no hallamos la respuesta, pues traemos a la memoria los viejos anales de la colonia y apenas nos cuentan algo. Sábese que este templo comenzó a construirse a fines del siglo XVI pero tardó muchos años en terminarse, no obstante que los españoles por esa época daban a los indios para que ayudaran en esta obra.
            En su visita pastoral el arzobispo don Pedro Cortés y Larraz recorre estos pueblos entre los años de 1769 y 1972, y en acta de fecha 2 de febrero de 1770, que es constancia de su presencia en esta nueva ciudad, hace notar la reciente pérdida del antiguo pueblo.
            Su señoría ilustrísima pudo contemplar todavía, con el alama entristecida, amontonamientos de escombros entre las hierbas y los arbustos crecidos ya en el lugar abandonado; techos desplomados, ventanales rotos, paredes caídas: la ruina total de la que otrora fuera hermosa capital de la provincia de Chiquimula de la Sierra. Pero más consternó aún al arzobispo Cortés y Larraz, la ruina de ese templo erguido aun sobre sus mismos despojos.”
           
            Fragmento del libro Chiquimula en la historia, segunda edición, págs. 58 y 59.
 
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EL CÓLERA MORBUS EN ORIENTE
 
            "A fines de 1833 apareció en La Habana el cólera asiático; algunos meses más tarde llegó a México, habiéndose declarado numerosos casos en Chiapas. Al difundirse la noticia de que la epidemia estaba tan cerca los pueblos de Guatemala se sintieron alarmadísimos, y el jefe del Estado doctor Mariano Gálvez reunió al Protomedicato, el cual dictó medidas tendientes a proteger la salud de todo el país para evitar por cuantos medios fuera posible que la peste se extendiera; activamente se tomaron todas las precauciones mandadas por la higiene y fueron tan útiles que se impidió por entonces su propagación más acá de la actual frontera mexicana. Pero en el año de 1837 no pudo evitarse su rápido desarrollo porque apareció en la región oriental sin que hubiera podido precaverse, llegando, según estudios realizados por el doctor Buenaventura Lambur, de Omoa a Gualán, de donde luego se propagó a Zacapa, Chiquimula, Esquipulas –con motivo de la feria- y demás pueblos de oriente.
            …fue una calamidad tan terrible que diezmó las poblaciones. Los enemigos del gobierno no perdieron la oportunidad para hacerles creer a los pueblos que dicha calamidad se debía al envenenamiento de las aguas de los ríos realizado por agentes del jefe del Estado…
…por centenares murieron tanto los ladinos como los indios. Dícese que ya no se cavaba una sepultura para cada cadáver sino se abrían zanjas donde eran echados los muertos…”
 
Fragmento del libro Chiquimula en la historia, segunda edición, págs. de la 116 a la 120.  
 
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EL PERIODISMO EN CHIQUIMULA
 
            “…El periodismo en Chiquimula inició allá por el año de 1876, pues el 30 de julio de 1875 recibió la municipalidad la primera imprenta que hubo en nuestro pueblo, y el primer periódico vio la luz pública un año después; a mediados del 76 se encuentran los primeros datos relativos a dicha publicación que se intitula “La Estrella de Oriente” y era por esa época su director y administrador la misma persona que dirigía la imprenta. Contándose entre los directores del mencionado periódico las personas siguientes: Angel Ignacio Jordán, Carlos Cóbar h., Daniel Taracena, Ignacio Calderón, Agripino Zea y otros intelectuales más, éste último según acta levantada en la municipalidad, mejoró notablemente la publicación, aumentó el número de páginas, sacó dos publicaciones mensuales en lugar de una y solicitó canje con los periódicos de la capital. “La Estrella de Oriente” se publicó por muchos años, mensual en unas épocas, en otras quincenal, con ella se inició no sólo el periodismo sino se iniciaron las manifestaciones literarias chiquimultecas, pues aparecen por entonces los primeros cultivadores de la literatura en nuestra tierra, o por lo menos, los que publicaron sus producciones. A fines del mes de marzo del año 1894, la municipalidad tuvo que cerrar la imprenta porque los que la dirigían no quisieron trabajar más tiempo por el sueldo que se les pagaba, que era irrisorio, y habiendo pedido el ayuntamiento una subvención al gobierno, le fue denegada. Un grupo de intelectuales solicitó la imprenta con el deseo de publicar ellos el periódico. La municipalidad accedió a la petición pero con algunas condiciones…
            El periódico salió a luz con el nombre de “Correo de Oriente”, y fue su director al principio Francisco López. Contenía muy buena lectura y dio a conocer las mejores plumas de aquella época, entre otros colaboraban: Francisco López, Manuel Jordán, Belisario Díaz, Ambrosio Quintanilla, Alberto Mejía, Francisco Carranza, y otros más. Dicho órgano publicitario salía con mucha irregularidad y se le había cambiado nombre, faltando así al cumplimiento de algunas de las condiciones estipuladas, motivos por los cuales, después de más de dos años, se le recogió la imprenta y se nombró nuevo director por cuenta de la municipalidad, entonces reapareció “La Estrella de Oriente”, dirigida por Angel Ignacio Calderón.
            …En el mes de enero de 1886 había aparecido otro periódico intitulado “El Republicano”, dirigido por Daniel Taracena, subvencionado por la jefatura política, siendo jefe de dicha dependencia Calixto Mendizábal; la subvención consistía en 50 pesos mensuales, habiendo salido a luz por espacio de casi dos años…”
 
                  Fragmento del libro Chiquimula en la historia, segunda edición, págs. de la 255 a la 258.
 
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 EL RELOJ PÚBLICO DE CHIQUIMULA
 
            “El reloj colocado en la torre del edificio municipal, aún presta utilidad al público, a pesar de estar bastante viejo y que a veces camina mal, pero todavía orienta al público con respecto a la hora. Según algunas personas, el origen del dinero con el cual se compró dicho reloj tiene una historia picaresca, la cual se relata en una composición en verso que comienza así:
                        ‘Qué hermosa está Chiquimula
                        Con su reloj de campana…’
            Pero por actas que tuvimos a la vista, comprobamos que la municipalidad que fungía en el año 1890, solicitó al presidente Barillas, dinero para comprar un reloj. Atendida la petición se concedió el dinero, ochocientos pesos, y dicho aparato fue pedido a Nueva Orleáns, llegando en el mes de julio de 1891. La tesorería municipal era tan pobre en esos tiempos, que la municipalidad solicitó a los vecinos una contribución para poder transportarlo del mencionado lugar a esta ciudad. Suponemos que el referido reloj, es el grande que está colocado en la torre, puesto que no vemos otro en las oficinas de la alcaldía, ni hemos tenido noticias de que lo haya habido en algún tiempo.”
 
            Fragmento del libro Chiquimula en la Historia, segunda edición.
 
 
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BIBLIOTECAS
 
            “…En abril de 1891, el gobierno de la república envió libros para que en esta cabecera y en todos los pueblos principales del departamento se establecieran “salas de lectura”. El 1º. De mayo del año referido se inauguró la de esta ciudad, en una pieza del edificio de la Escuela Nacional de Niñas número 2, ubicado en el sitio donde está actualmente la plaza de toros, situada en la esquina opuesta al parque La Libertad; allí permaneció muchos años y se transformó en una biblioteca completa, pues llegó a contar con gran número de libros, porque en los primeros meses del año de l893 el general José María Reyna Barrios hizo una fuerte remesa de obras de autores nacionales, ahí estaban: las popularísimas novelas de don José Milla, los versos de nuestros poetas más celebrados, y otras obras de los más famosos autores guatemaltecos, proporcionándonos el medio de obtener el conocimiento de nuestras letras. Como también estaban -pues se han perdido en su mayor parte-, los grandes autores españoles, franceses e ingleses; lo mismo que los clásicos latinos, griegos e italianos; contaba esta biblioteca con los libros más famosos de la literatura universal, y se le denominó “Biblioteca Popular”. Hace algunos años fue trasladada a un salón de la escuela nacional de varones ‘Macario Rivas’.”
 
            Fragmento del libro Chiquimula en la Historia, segunda edición.
 
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GENERAL ÁNGEL IGNACIO CALDERÓN
 
            “Entre la primera promoción de maestros de instrucción primaria egresada del Instituto de Varones de Oriente, se cuenta don Ángel Ignacio. Hombre de gran ilustración, cultivó la oratoria y el periodismo, siendo por mucho tiempo director y colaborador del importante periódico “La Estrella de Oriente”. Escribió en prosa y en verso, entre sus poesías, algunas fueron muy populares, habiéndolas adaptado al canto el maestro don Marcos Salguero, se cantaron en los centros sociales; una de las que tuvo mayor éxito y que no hace mucho tiempo fue publicada en uno de los diarios de la capital, es la intitulada “Sólo expresión le falta al pensamiento”, dedicada a la señorita M. C.:
 
                        Solo expresión le falta al pensamiento,
                        y vuelos y figuras a la idea:
                        para decir mi bien, lo que desea
                        mi entristecido y pbre corazón…!
 
                        Perdóname mujer, si ciego un día
                        no pude comprender tu amor inmenso,
                        yo te diré bien mío, lo que pienso
                        para volver a mí tu adoración.
 
                        Yo he pensado postrarme ante tus plantas,
                        y las penas decir que sufre el alma,
                        pidiéndote mujer, vuelvas la calma
                        que en otro tiempo disfrutó mi ser.
 
                        Yo he pensado pedirte de rodillas,
                        un solo beso de tu linda boca;
                        y ese beso de amor que el alma invoca,
                        nos traerá, la ventura y el placer.
 
                        Yo he pensado a tus plantas con mi llanto,
                        tu hermosura y mi dicha restaurar,
                        he pensado vivir para llorar
                        perdida para siempre mi ilusión.
 
                        Si no logro mujer de mis ensueños,
                        la dicha que ambiciono poseer,
                        porque te amo mi bien, y eres mujer
                        la esperanza que alienta al corazón…!
                                              
            Cuéntase que estos versos aluden a un romance surgido entre el autor y una señorita de los círculos sociales de esta ciudad, que a raíz de romper sus amores con él, fue víctima de una enfermedad que la llevó a la tumba.”
 
            Fragmento del libro Chiquimula en la Historia, segunda edición.
 
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LA SOCIEDAD DE OBREROS
 
            “Una de las pocas sociedades que se han organizado en Chiquimula, y que a través de los años, no sólo ha podido subsistir, que tiene vida, movimiento, sino que aumenta sus actividades tendientes a mejorarse, es la asociación de los obreros. Fue fundada el 14 de septiembre de 1912, con el nombre de “Sociedad Obreros de Oriente”, se estableció a iniciativa del señor J. M. Eduardo Portocarrero, quien era director de la escuela práctica, por esa época, y que luego pasó a desempeñar este mismo puesto al instituto de varones de esta ciudad. En la misma fecha quedó organizada la mesa directiva, formada por las personas siguientes: Presidente J. M. Eduardo Portacarrero, vicepresidente José Santiago España, vocales: Alfonso Sagastume, Santiago Zea, Felipe Martínez, Vicente Guzmán, Carlos Suasnávar y Salvador Orellana.
            Desempeñaba un papel muy activo e importante a favor de los intereses del obrerismo chiquimulteco, pero ya en las postrimerías del gobierno de Estrada Cabrera, las autoridades departamentales quisieron hacer de dicha sociedad un instrumento para sus fines políticos, y siendo sus miembros ciudadanos honrados, consecuentes con sus convicciones, prefirieron disolver la sociedad, antes que contribuir al sostenimiento de la dictadura cabrerista.
            Los viejos miembros que de ella habían formado parte, conservaban sus entusiasmos por volver a asociarse, y se interesaron en reorganizarla, y surgiendo de nuevo en 1923. Era el gobernante por ese tiempo, el general José María Orellana; esta vez se le bautiza con el nombre de “Sociedad de Obreros El Porvenir”, nombre con el cual se le designa hasta la fecha. Al reaparecer formaron la junta directiva las personas que se mencionan: Presidente Salvador Casasola Torres; vocales: Wenceslao Peña, Alfonso Sagastume, David Martínez, Miguel Albanés, Manuel Roldán y los profesores: Pedro Antonio Zea y Juan Manuel Aguirre.
            Una vez organizados, solicitaron un predio de propiedad municipal para construir la casa del obrero, el que concedido por la municipalidad, construyeron ese hermoso edificio donde celeran sus sesiones, fiestas sociales y fiestas culturales.”     
 
Fragmento del libro Chiquimula en la Historia, segunda edición.
 
 




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